sábado, 30 de julio de 2011

Los cabos se aprovechan del nuevo

Como es de esperarse, un nuevo recluta es carne fresca para los soldados más antiguos.

Ahora veremos unas fotos de unos cabos que se aprovechan de un chamo que está entrando a la Academia.

Lo primero que le ordenan es quitarse el uniforme, y después lo ponen a mamar como sólo lo hacen los soldados de esta Academia Militar Gay... Hombres para Hombres.












viernes, 29 de julio de 2011

En el patio después de desayunar

Par de reclutas es lo que tenemos en video.

Los soldados Sánchez y Arismendi pasaron una gran mañana cuando se pusieron a tirar en el patio de la Academia.

Que bien hacen lo suyo mientras son grabados para que disfrutes mirándolos.

Típico, después del desayuno es muy normal encontrar militares tirando en cualquier parte de esta Academia Militar Gay. ¡Una paja por ellos!

El Sub-Teniente Rush

El Sub-Teniente Rush ingresó a la Academia hace mucho tiempo, y poco a poco se ha venido ganando la jerarquía, el respeto y el deseo de todos los demás soldados.

Es uno de nuestros militares más musculosos y además, uno de los más "sexosos".

Es versátil más activo, se ha cogido ya a varios de nuestros nuevos reclutas (y se ha dejado coger por los soldados de mayor rango), y quería dejarse ver en estas fotos que se tomó para que te hagas una paja bien rica pensando en él... ¿Te animas?












lunes, 18 de julio de 2011

Después de clases con el Guardia

Autor: CarlosPasPOZ
Puerto Ordaz, Venezuela


Esta historia data de mis años en el colegio, y todo comenzó una tarde de septiembre...

Como es costumbre (y ley) en Venezuela, todos los estudiantes de bachillerato deben recibir clases de Instrucción Pre-Militar, tanto teórica como práctica.

No había pasado mucho tiempo de haber empezado mi quinto año de bachillerato y ese día vería la primera clase de Instrucción Pre-Militar del año escolar.

Me puse mi uniforme (un blue jean, franela blanca con el logo de la institución y gorra negra) y me dirigí al colegio. Para ese entonces tenía 17 años, de cabello negro, piel blanca, lampiño, cuerpo atlético, definido (jugaba fútbol) y muy simpático de cara.

Ya en clase de Pre-Militar, nos hicieron formar tal cual una academia y cantar el himno nacional, y entre otras cosas, nos presentaron a quienes serían nuestros "profesores" o instructores, entre los cuales destacaba un Guardia Nacional. Él era un hombre fornido, de piel canela y ojos miel, tendría cerca de 25 o 26 años, se notaban sus brazos velludos y tenía ese uniforme verde olivo que siempre me ha derretido.

Al mirarlo e imaginármelo protagonizando mis fantasías, tuve una leve erección que pude disimular, pero no podía negar que me encantaba.

Así pasó la tarde, terminó la clase y volví a mi casa. Evidentemente esa noche me masturbé en la ducha pensando en él.

Las semanas siguientes fueron más de lo mismo. En cada clase lo veía tan viril, tan fuerte, con tanto carácter, tan disciplinado... Y siempre llegaba a mi casa masturbándome en su nombre. Pero a medida que pasaba el tiempo, trataba de sacarle conversación después de la jornada y así me iba ganando su confianza.

A los pocos meses se podía decir que éramos amigos, separando siempre lo profesional (o educacional, en este caso) de lo personal. Mientras estábamos en Instrucción Pre-Militar, yo era un estudiante más y él mi instructor, pero después de terminar, siempre nos contábamos chistes y hablábamos de todo un poco, hasta que un día, lleno de valentía (impulsada a su vez, por el deseo), le pregunté por su situación emocional, vamos, para ser más claro, le pregunté si tenía novia.

-Sí, claro -me respondió él-. Pero nos vemos poco, a veces, con nuestras ocupaciones, no nos queda tiempo para hacer nada. ¿Y tú, tienes novia o algo?

Esa respuesta/pregunta hizo que me llenara aún más de valor, y como estábamos casi solos (ya casi todo el mundo se había ido, quedaban pocos estudiantes, el colegio estaba casi cerrando y yo sólo esperaba que mi mamá me fuese a buscar) decidí responderle con algo que hasta el sol de hoy, no sé cómo me atreví a decir...

-Bueno, yo soy gay. Espero que no te molestes por eso ni nos vayamos a distanciar, porque me pareces pana, y aparte, eres mi profesor de Instrucción Pre-Militar, y no creo que una cosa tenga que ver con la otra, y también pienso que...

Él se echó a reír.

-¿Tú me estás hablando en serio? -preguntó-.

Yo sólo lo vi en silencio por unos segundos, y continué:

-Sí, de verdad. ¿Es malo eso? ¿Ya no me vas a hablar por eso?

-No vale, para nada. Yo no le paro bolas a eso. Cada quien hace con su vida lo que le dé la gana. Lo que pasa es que no me lo imaginaba pues, me cae de sorpresa. Pero está bien, conmigo no tienes que sentirte mal ni avergonzarte. Es más, cuenta conmigo, que aparte de tu instructor, yo sigo siendo tu pana.

Esas palabras me tranquilizaron. Ya me sentía más cómodo y a gusto con él. Lástima que en ese momento mi mamá llegó por mí, porque no sé qué más hubiera sucedido.

Me fui a mi casa emocionado, y en la noche, antes de acostarme, decidí escribirle un texto (teníamos algunos meses de conocernos y evidentemente ya habíamos intercambiado números de móvil). El mensaje decía:

Hola! q mas? keria dart las gracias
x lo d sta tard, no pense q lo tomarias
tan bn, keria contartelo desd hace tiempo
pero tnia miedo d q me rechazaras x eso.

A los 2 minutos recibí una respuesta:

Tranquilo, d pana. es bueno confies
en mi, como te dije yo soy tu pana. eso
no m importa. nos vemos la semana q viene.

Y esperé ansioso que llegara la próxima clase... Hasta que llegó el día.

Todo transcurrió normal y rutinario, como siempre. Mi Guardia (así nos hacía llamarle) me trató como siempre. Durante la Instrucción Pre-Militar, era un estudiante más; fuera de ella, era su amigo. Y volvió a pasar que al final de la tarde nos quedamos casi solos. Mientras hablábamos de cualquier tema, yo lo miraba deseando estar con él, quería decirle lo mucho que fantaseaba en su nombre, pero esta vez me contuve, pensé que estaría yendo demasiado lejos.

De repente me dice que lo espere ahí afuera, mientras él iba al baño (ésta es mi oportunidad, pensé).

-Te acompaño -le dije-, yo también tengo ganas de ir al baño.

Una vez adentro, con el colegio prácticamente vacío, él y yo estábamos solos en la privacidad del baño. Mientras él orinaba yo escuchaba su potente chorro caer en el inodoro, y luego de reojo, vi como sacudía su gran pene... No pude contenerme más, y antes de que se lo guardara, me puse frente a él y me arrodillé, para meterme su gran huevo en la boca...

-¡Ey! ¡¿Qué haces?! -me dijo, con una cara un tanto desconcertada-.

Yo me llené de pudor y vergüenza y no pude más que disculparme, levantarme y dirigirme hacia la puerta del baño... Para mi sorpresa, él me tomó de un brazo y me dio un apasionado beso en los labios.

En un principio no sabía qué pensar, pero de inmediato me dejé llevar. Después que nuestras bocas y lenguas se separaron, no dudé en preguntarle:

-Pero, no entiendo. ¿Tú también eres...?

-¡Shhh..! -me hizo callar-. Recuerda que yo soy el Guardia aquí y tú sólo obedeces, ahora mámamelo.

No lo podía creer, era el hombre de mis sueños dándome órdenes de hacerle sexo oral... Y eso fue exactamente lo que hice.

Me introduje su gran pene (que ya estaba bien erecto) en mi boca. Me lo metí completo, atravesaba mi garganta; y empecé a succionar como nunca mientras él con sus manos apretaba mi cabeza contra su cuerpo. Era increíble.

Sacaba y metía su pene con crueldad mientras me agarraba del cabello, en realidad me estaba cogiendo por la boca. Yo tuve arcadas un par de veces, pero me excitaba mucho lo que hacíamos.

Haló mi cabello para que levantara mi cara. Me miró a los ojos y con carácter me dijo:

-¡Abre la boca!

Yo obedecí. Abrí mi boca y me escupió allí, enseguida me metió el pene otra vez. Era impresionante como estaba siendo humillado, pero eso me excitaba cada vez más.

Me hizo levantar y me apoyó de frente contra una pared, bajó mi pantalón, sólo llenó un poco mi culo de saliva, al igual que su pene, y sin contemplación me lo metió completo, hasta el fondo.

Solté un grito de dolor, no lo pude evitar. Pero él puso una de sus manos en mi boca y siguió sin importarle nada.

Me cogía como le daba la gana, el ritmo aumentaba y sus embestidas ya eran bestiales.

Mi culito, rosadito y virginal estaba siendo atravesado por ese gran huevo de Mi Guardia. Por un momento me sentí incluso violado... Pero me encantaba.

Por mi rostro empezaron a deslizarse algunas lágrimas producto del dolor, pero el placer era tan extremo que no podía dejar de autosatisfacerme y acabé.

Cuando estuvo a punto de acabar también, me lo sacó y me puso de rodillas frente a él. Ahí me llenó toda la cara de su espesa, tibia y blanca leche...

Su semen corría por todo mi rostro, e incluso tenía hasta en mi boca, y por supuesto me lo tragué.

Después de volver en sí, me pidió que me lavara la cara y que no se me ocurriera contar esto a nadie. Así lo hice y nadie supo de nuestra aventura (hasta ahora).

Las semanas siguientes transcurrieron en completa normalidad, yo seguía siendo su estudiante y él seguía siendo mi instructor, Mi Guardia de Instrucción Pre-Militar.

¿Quieres saber si volvimos a hacerlo? Lo dejo a tu imaginación, pero para despejar la incógnita, confórmate con saber que te contaré todo en una próxima historia.

CarlosPasPOZ

-o-o-o-

¿Tú también tienes una historia que contar? Entonces no lo dudes y hazlo, Cuenta tu historia.

Sí, mi Teniente

Autor: troymadrid
Madrid, España


Vaya mierda de tabaco, pensé, mientras aplastaba con la bota la colilla apurada hasta el filtro. Si algo echaba de menos tras tres años en el frente era fumar un Marlboro.

Esa noche llovía como si nunca lo hubiera hecho. Ya eran las dos y media de la madrugada, y estaba diluviando desde el mediodía. Yo estaba de pie viendo cómo discurrían los riachuelos que la lluvia formaba por debajo de los muelles de carga de aquella antigua nave industrial. Llevábamos acantonados en aquel polígono en las afueras de Madrid más de seis meses. Era un sitio tranquilo, comparado con otros destinos en los que había estado. No, no era tranquilo, era mortalmente aburrido.

La estridente voz del imaginaria me sacó de mi ensimismamiento. Era uno de los chavales que habían llegado en la última reclutada forzosa, y que por ello aún guardaba las formas. Mi teniente, le llaman del Punto Alfa, me dijo. Punto Alfa es uno de esos rimbombantes nombres que los militares adoran usar para definir al Centro de Comunicaciones. Bueno, el cuartucho donde teníamos instalados los equipos de radio, ordenadores y teléfonos.

Tras volver a maldecir por enésima vez el clima, me abrigué, me puse la capucha y crucé hasta la nave contigua. En el centro de esta, subiendo unas escaleras, llegué a la puerta del Centro de comunicaciones. Pulsé el interfono, restos de una posible oficina anterior, y dije el santo y seña. Otra de esas antiguallas militares aún en uso. Sonó un zumbido y pude abrir la puerta.

El famoso Punto Alfa es una habitación de unos cuatro metros por cinco. El único acceso es la puerta que acababa de cruzar. No tenía ventanas. Se suponía que era uno de los lugares más seguros e inaccesibles de aquel peculiar campamento. Y allí en el centro me encontré con una cara nueva, probablemente otro recluta novato.

A la orden, mi teniente dijo, mientras, sentado, imitaba el saludo militar llevándose la mano a la sien. Hacía ya tiempo que me daba igual que los soldados saludaran y vistieran el uniforme correctamente. Eso lo dejaba para los desfiles. Sin embargo, a los novatos había que exigirles un poco más al principio. Ya tenía la bronca en la punta de la lengua, cuando la frase es un mensaje desde Toledo, urgente, y una sonrisa deslumbrante me hicieron cambiar de opinión.

El mensaje nos informaba de movimiento de tropas hostiles por nuestra zona, cerca del Cerro de los Ángeles. Debíamos mantenernos alerta, aunque sería la aviación quien se encargaría de ellos. Joder, a cualquier mensaje lo calificaban de urgente si venía del Cuartel General. Pero, bueno, así mejor, para lo que quedaba de guerra, cuantos menos muertos de los míos, mejor.

Cuando levanté la vista del papel, la sonrisa que antes de despistó, seguía allí. Y unos ojos azules me miraban con una mezcla de curiosidad y descaro.

Tú eres nuevo, ¿no?, pregunté, con menos autoridad de la que pretendía. Sí, mi teniente, soy el soldado Castells, y me incorporé el lunes pasado. Me quedaban todavía varias horas de guardia hasta que me relevaran y pudiera dormir. No tenía nada mejor que hacer que estar allí. ¿O sería por seguir viendo esa sonrisa? El caso es que empecé una conversación con aquel veinteañero disfrazado de soldado. Por lo que me contó era un experto con los ordenadores, era de Barcelona, y había sobrevivido al ataque nuclear a su ciudad por casualidad, al estar de acampada en Valencia aquel funesto fin de semana.

A cambio de un cigarro, y a pesar del cartelito de Prohibido Fumar, vestigio de la antigua oficina, me ofreció un café. Bueno, sabía a café, no quise preguntar qué era. La conversación se fue haciendo más amigable, en parte por culpa de su eterna sonrisa, y en parte por la visión que ofreció su uniforme ajustado al levantarse para servirme el café.

Creo que en ese momento me cazó observándole en profundidad. Desde que se sentó, el tema de conversación pasó a ser las posibles diversiones en un destino como aquel. Con la capital tomada por guerrilleros y soldados enemigos, no era aconsejable (y no estaba permitido) adentrarse por sus calles. Entre risas me comentó que había logrado bajarse varias películas, conectándose al Internet Libre. Aquello era casi imposible desde la destrucción de la mayoría de las antenas y demás sistemas de comunicación civiles. Sólo se podía acceder a través de los sistemas militares, y de una forma muy censurada.

Enarcó las cejas, sacó su más picara sonrisa, y guiñándome un ojo, dijo está usted ante el rey de los hackers del ejército europeo. Aparte de sentarme de forma que mi erección no deformara demasiado el uniforme, le reté a demostrármelo. Me explicó que sólo por las mañanas podía conectarse, con una retahíla de términos informáticos que me sonaban a chino.

Aquello me hizo pensar que estaba ante otro loco de la informática fanfarrón. Alegué que tenía cosas que hacer y me levanté, con una mano en el bolsillo para intentar cubrir el bulto de mi entrepierna. Lo que sí podrías hacer, es prestarme alguna peli de esas, para pasar la noche... le propuse. La sonrisa se volvió aún más pícara e irresistible. No sé si le gustarán... a ver qué le parece ésta...

De una mochila sacó un CD, lo introdujo en uno de los ordenadores, y giró la pantalla para que pudiera verla. Mi cara debió ser un poema cuando lo que apareció fue un culo muy pálido siendo penetrado por una descomunal polla negra. Este negrazo sí que se lo pasa bien, follándose todas esas putitas, dijo casi en un susurro, que junto con el lenguaje tan soez hizo que mi polla casi estallara.

El cambio en su actitud me sorprendió, pero el colmo fue cuando empezó a tocarse la polla sobre el pantalón. Yo miraba más su mano, de dedos delgados, que el monitor. Pero cuando la secuencia de la película cambió, se pudo ver que el negrazo estaba follándose ¡a un chavalito! Allí tenía su polla bien dura mientras le destrozaba el culo. Volví la cabeza al soldado, que soltó una carcajada.

Vaya sorpresa, ¿eh? Pero mejor así, ¿verdad?, me dijo mientras se tocaba descaradamente la entrepierna. No hay nada como follarse un culito bien cerrado, ¿eh? En ese momento, se bajó la cremallera del pantalón y se sacó la polla, que rebotó contra su estómago al salir. La punta estaba ya húmeda y muy roja. Yo no podía apartar la mirada de aquel delicioso rabo... pero con la poca lucidez que me permitía la escasez de sentido común en mi cerebro, me preguntaba cómo se atrevía a tanto un simple soldado.

La verdad es que hay otra cosa está casi tan bien como follar un culo, y es follar una garganta. Al decir eso, me hizo un gesto con la cabeza indicándome que me acercara. Si quedaba algo de sangre en mi cabeza, se bajó toda a mi entrepierna, y al momento estaba de rodillas ante aquel soldadito, con su polla a escasos centímetros de mi boca.

ahora, mi teniente, cambian las tornas: paso a tener el mando. CHÚPAME LA POLLA. No me dio tiempo a reaccionar. Una mano en la nuca me obligó a meter mi cabeza entre sus muslos, y a forzar mi garganta para recibir aquella polla que, de cerca, me parecía aún más grande. Intenté sacármela de la boca, una vez que llegó hasta lo más profundo de mi garganta, para evitar las arcadas. Sólo me dio tiempo a aspirar una bocanada de aire antes de que, sujetándome por el pelo, me volviera a clavar ese pedazo de carne hasta la campanilla.

Al poco de llegar conocí a un veterano como tú, un buen mamón. Y me habló de ti. Creo que os consolabais las noches aburridas en el cuartel. Así que pensé que sería interesante conocerte. Siempre es útil tener un sitio a mano donde meter la polla. Estoy harto de hacerme pajas. A partir de hoy, tienes una nueva obligación. Vendrás a recibir tu ración de leche cada vez que se me ponga dura, ¿entendiste?, me preguntó mientras me daba un golpe tras la oreja. Yo asentí como pude mientras compaginaba hacerle la mejor mamada posible con le necesidad de respirar.

Me soltó la cabeza, y se puso a teclear en el ordenador. Voy a ver la peli, mientras tú te encargas de lo tuyo, ¿ok?, me dijo sin mirarme. Yo, de rodillas entre sus piernas, me dediqué en cuerpo y alma a mamar aquella polla deliciosa, acariciar sus huevos y emborracharme con el olor a sudor adolescente que desprendía su cuerpo.

Durante unos segundos, alcé la vista, y le vi totalmente concentrado en la película. Algunos gemidos coincidían con la mayor dureza de su polla, y yo me esforzaba en aumentar el ritmo de la mamada. La tragué entera, y apretaba con mis labios.

Perdí la noción del tiempo. De repente aquella deliciosa polla se puso realmente dura y gruesa. Apreté sus pelotas con una mano, y con la otra empecé a acariciarle, subiéndola hacia su ombligo. Pude notar unos abdominales muy marcados completamente tensos. Y, sin previo aviso, la boca se me inundó con su tibio semen. Una mano me agarró del pelo dolorosamente, asegurándose de que no pararía de mamar. Tal era la cantidad que me llenaba la boca, que decidí empezar a tragar su leche. ¡Cuánto tiempo sin hacerlo! Su cuerpo se sacudía espasmódicamente, clavándome la polla incluso más dentro de mi garganta de lo que yo imaginara que podría resistir.

Cuando ya no quedó nada en mi boca, su mano me hizo seguir mamando aquella polla que empezaba a perder su fuerza. Volví a levantar la mirada y me encontré con sus ojos azules clavados en los míos, sonriente, y con una pequeña gota de sudor resbalando de su frente. Siempre me ha encantado ver cómo un oficial se encarga de su tropa, dijo antes de soltar una risita de niño travieso.

De un tirón de pelo apartó mi boca de su polla. Mientras yo seguía de rodillas, se levantó y se colocó los pantalones. No ha estado mal... dijo. Seguro que antes de acostarte te pajearás pensando en mi rabo... pero, ¿sabes? Creo que me gustaría verlo. Sácatela, ahí de rodillas, y pajéate. Asumida mi posición ante aquel crío, obedecí. No habría tardado ni un minuto en correrme, pero de pronto sentí que alzaba sus piernas y apoyaba sus botas en mis hombros mientras se encendía uno de mis cigarros. Eso fue demasiado... Era la primera vez que me corría de esa manera tan salvaje, temblando, con mis ojos clavados en él, que me miraba divertido.

Limpia toda esa guarrería y lárgate. Mañana ya te llamaré, o quizás, no. Obedecí e intenté vestirme, aunque mi polla se negaba a bajarse.

Hasta pronto, mi teniente fue su despedida, haciendo hincapié en la penúltima palabra.

troymadrid

-o-o-o-

¿También tienes una historia que contar? Entonces no lo dudes y hazlo. Envía tu relato con tu nombre o apodo y la ciudad de donde escribes, a academiamilitargay@hotmail.com.

Gran cogida en las barracas

Si creías que lo habías visto todo, ¡Te equivocas!

Los soldados de la Academia Militar Gay siempre encuentran la manera de satisfacer sus necesidades sexuales.

Mira a estos dos, quienes se escaparon a media noche para disfrutar de una sesión de sexo inigualable.

Primero una mamada de verga y de culo genial... Y después, la gran cogida. ¡No te la pierdas!

viernes, 15 de julio de 2011

Mi Coronel te pone a mamar

Recluta, conoce a parte de nuestros militares de alto mando.

Uno es el Coronel Guzmán, quien disfruta poniendo a mamar a los soldados de rangos menores, y esta vez le tocó el turno al Capitán Herrera.

Es fácil, lo llama hasta el cuartel, cierra la puerta y simplemente le ordena lo que debe hacer.

Mira estas foticos, que todos sabemos que el Coronel Guzmán, además de satisfacer sus deseos, lo hace para que te pajees por él.

No es de extrañar estos perros hambrientos de sexo en la Academia Militar Gay, donde sólo hay Hombres para Hombres...














Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

¿Dónde te gusta acabar / que te acaben?

¿Qué tipo de vello facial te da más morbo?