jueves, 15 de septiembre de 2011

Veterano General de Brigada se coge a un joven recluta

Definitivamente uno de los mejores videos que hemos publicado en la Academia Militar Gay.

Este veterano General de Brigada se aprovecha de un nuevo y joven recluta. Lo pone a mamar y se lo coge como quiere, y este muchacho sí que lo disfruta.

Son diecinueve minutos de pura acción entre militares, no dejes de verlo y pajearte con él.

Militar de Tampico, Tamaulipas


Autor: Juan Carlos Hoff
Ciudad de México, México


La Historia: Todo comenzó el viernes pasado… no había plan para comer y tenía la tarde libre… decidí aprovechar para pasar a comprar unas cosas al mercado de vinos de “La Europea” que queda ubicada en Sotelo… saliendo de dicha tienda pasé a cargar gasolina en una gasolinera que queda ubicada en la esquina, justo detrás del Toreo, en la calle de Jesús Gaona… mientras cargaba gasolina me dediqué a mirar a aquellas personas que, parados en la esquina, esperaban el transporte público… había un chavo que llamó mi atención… realmente me gustó… un rico militar, jovencito, delgado y alto, morenote… traía su traje verde, sus botas y una back pack colgada en la espalda… esperaba pacientemente la micro… la calentura me invadió… si quería “intentar algo”, debía darme prisa…

Caminé hacia él y lo abordé… era muy moreno y con un acento que denotaba que no era precisamente de la Ciudad de México… le pregunté hacia donde se dirigía… sacó de entre su ropa un papelito que traía una dirección en la Colonia Doctores… me dijo que era de Tampico y que había venido a la Ciudad de México a un servicio y quería aprovechar para dejarle unas cosas a una tía suya que vivía precisamente en dicha dirección… le ofrecí un aventón… el soldadito me miró fijamente y algo extrañado pero luego de unos segundos, aceptó agradecido… regresamos a mi coche, nos subimos y nos encaminamos a un viaje muy tedioso a través del Circuito Interior…

En el camino platicamos un poco más… era la primera vez que el chavo venía a la Ciudad de México… una Ciudad que le imponía respeto… le habían platicado tantas cosas sobre la inseguridad en la que diariamente vivimos… había llegado hacía un par de semanas para un servicio y ya ese mismo día se regresaba para Tampico… él estaba asignado a la zona militar  de Tampico pero antes quería dejarle unas cosas a su tía… no había tenido tiempo para verla… había estado en chinga trabajando y sus superiores no le habían permitido salir… acuartelado las dos semanas… le platiqué un poco de las cosas positivas que también tiene nuestra Ciudad de México… hay que alabar lo bonito que tenemos, no sin desconocer todas sus imperfecciones… con toda la intención del mundo la plática se desvió hacia otros temas… le pregunté por su chava… el militar  no tenía… sus novias… el militar  solo reía… ¿cómo le haces para bajarte la calentura?… su respuesta fue simple… “pues le doy a quien se deje”… esa respuesta me dio valor para seguir… ¿te has tirado a un putito?, le pregunté…

El militar  me miró fijamente y sonrió nuevamente… a sus 19 años de edad ya se había tirado a varios… “en tiempos de guerra cualquier agujero es trinchera”, dijo valientemente… prefiero a las chavas, me aseguró, pero luego hay chavos que pagan una buena lanita por un buen pedazo de verga y bueno “no se puede dejar pasar la oportunidad de ganar un dinerito extra”… el chavo no había comido y su desayuno había sido solamente un espeso atole y una torta de huevo con jamón… una persona que hace ejercicio, necesita de una dieta mucho mejor balanceada… le ofrecí llevarlo a casa de su tía y luego lo invité a una buena comida… el chavo estaba preocupado por que tenía que llegar a una buena hora a la Estación de Camiones… ¿y por que no te quedas a dormir en la Ciudad de México?, le propuse… el chavo me miró y me dijo que no tenía dinero para pagar un hotel… que en todo caso se quedaría a dormir en la estación de camiones…

Tuve que sincerarme con él… le dije que me gustaba y que estaba dispuesto a pagarle el hotel y darle un dinerito extra si es que se quedaba en México… total mañana mismo podía tomar un taxi a la estación de camiones para tomar el transporte que lo llevara a su destino final… el militar  sonrió nuevamente… era un chavo bastante abusado… había captado mis intenciones… se tomó la verga entre sus pantalones verdes y mirándome a los ojos me preguntó ¿te gusta la verga?… ahora fui yo quien sonrió… le dije que sí… que era una persona de ambiente pero muy discreto y nada obvio… la verga me encantaba y más si estaba pegada a un militar  joven y moreno como él… el chavo sonrió ante el cumplido… se rompió el hielo… hicimos un buen plan para pasar la tarde juntos y luego irnos al hotel… me platicó que llevaba ya por lo menos un mes sin venirse… la última vez que había cogido había sido precisamente con un señor en Tampico… éste le había dado una buena propina de quinientos pesotes…

Llegamos a la casa de su tía… se bajó del coche y tardó unos veinte minutos en regresar… subió y entonces nos fuimos a comer… en el restaurante me platicó algunas aventuras cachondas que había pasado… yo por mi parte le platiqué algunas de mis propias aventuras… los dos reímos y disfrutamos la comida… ya cerca de las 7 de la noche llegamos a un hotel de la Colonia Roma, casi llegando a Cuauhtemoc, sobre la Avenida Álvaro Obregón… al cerrar la puerta del cuarto yo suspiré… al igual que el militar, yo también llevaba más de un mes sin destapar la cañería… lentamente me desvestí y me dí un baño para relajarme…

El militar  tocó la puerta del baño y enseguida se metió en el… se había quitado ya la camisa y dejaba ver su moreno torso… muy delgado pero no huesudo… poca carne y músculos bien formados… se bajó el zipper de sus pantalones y sacó su verga para orinar… yo no podía verlo pero si oír el bello sonido de una verga sacando su agüita amarilla y como esta caía dentro del inodoro… al terminar se la meneó unos momentos para tirar hasta la última gota… la metió dentro del pantalón y cerró el zipper… se quedó viéndome en la regadera… yo estaba completamente enjabonado, lavando mis nalguitas… el militar  se tomó la verga por encima de sus pantalones… le invité a bañarse… lentamente se quitó los pantalones y se quedó en una trusa negra… se quitó las botas y los calcetines… se quedó en trusa… solamente en trusa… un militar  moreno de muy buen cuerpo… lampiño… marcadito…

Sin decirme nada, se bajó la trusa y dejó ver una morena verga que parecía un panal de abejas… gorda, arrugadita y cubierta toda por su cuerito… un par de huevos negros y colgantes le acompañaban… una buena cantidad de pelos púbicos hacían un camino hacia su ombligo… pelos necios… seguramente nunca en su vida se los había recortado… el militar  miraba como yo me enjabonada mientras comenzaba a jugar con su verga, la cual comenzó a ganar tamaño y dureza… en ese momento yo salí de la regadera y él entró en ella… le apreté la verga y le dije “relájate… hoy cena Pancho”…

Después de unos minutos salió el militar  del baño con una toalla amarrada a la cintura… yo me acerqué a él y entre la toalla toqué su miembro y percibí su pene en estado de semi erección… lo tomé entre mis manos… el militar  se quitó la toalla y dejó que siguiera jugando con su linda verga… la verga había despertado… morena, casi negra, con el cuerito que cubría aquella verga en toda su extensión, incluso completamente erecta… se descubría parcialmente una rojiza cabeza… aquella verga olía a jabón… estaba limpia… nada de quesito… me hinque frente a su entrepierna… el militar  me dijo “dale unos besitos”… sumiso obedecí… su verga estaba completamente dura y era bastante más oscura que el resto de su ya moreno cuerpo… sus huevos colgaban flojos y grandes también entre sus muslos lampiños… no era una verga bonita… más bien muy pellejuda… la cabeza de la verga se descubría del todo… se paraba con una inclinación hacia la izquierda… no era una ligera inclinación sino casi un ángulo digno de ser medido por un transportador.

La tomé con mi mano y la acerqué a mi boca… lenta y cuidadosamente la comencé a chupar suavecito y luego me metí toda la cabeza en la boca… la chupaba y movía la lengua alrededor… la mordía rico y la acariciaba con los labios mientras la mojaba con mi saliva… traté de meterme toda la verga en la boca… era bastante larga y gruesa… toda ensalivada la saqué de la boca… bajé a sus huevos, los metí en la boca y los succioné… mi lengua chupó todo el peludo escroto… regresé a su boca y continué con una buena mamadita de verga… se recostó en la cama y yo junto a él seguí dándole lengua a su rica verga…

Él solo me tomaba del pelo y me dijo “la mamas chingón… ya hacía falta una mamada así… el militar  estaba más duro que una roca… paré por un momento la mamada y le dije “es hora de la medición”… saqué de mi portafolios mi cinta métrica y le medí la verga al muchacho… 17 centímetros de largo, 14 de ancho en la parte pegada al cuerpo y 15 de ancho en la cabeza… era una verga que se ensanchaba llegando a la cabeza… el pellejo que cubría el glande no quedaba al principio de la cabeza haciendo que la verga pareciera como su tuviera un pecho de paloma…

En ese preciso instante saqué mi celular y le pedí al militar  si había la posibilidad de tomarle una foto con la verga bien parada… el muchacho sonrió pero aceptó gustoso con la salvedad de que no tomara su cara… solo su verga… así lo hice e inclusive el mismo muchacho la tomó entre manos para que pudiera tomar una foto de perfil y otra de frente, con su verga inclinada… después de que revisamos las fotos en el mismo celular, el militar  pidió que siguiera en la mamada… se acomodó entre las almohadas de la cama y yo entre sus piernas, le pedí que las flexionara un poco… comencé de nuevo a tragarme ese pene tan sabroso… lo chupé y tragué en toda su extensión… era una paleta helada que no quería que se acabara… quería paladear su rica leche que según el dicho del muchacho sería leche acumulada de más de un mes… mmmmmmmm que rico… mientras mamaba la verga cogía sus huevos y los apretaba con una de mis manos… su glande tocaba con mi campanilla y el militar  solo gemía… bajé a mamar sus huevos y luego le dí lengua a la zona del perineo debajo de los huevos…

Yo no podía ver al muchacho pero su respiración que se agitaba me indicaba que estaba haciendo lo correcto… lamí y succioné aquella zona y comencé a bajar hacia su culito… el militar  no opuso resistencia… mamé el cerradito culo del moreno… cada uno de sus pliegues pasó por la punta de mi lengua… pequeños pelitos de su culo jugaban con mi lengua mientras mis labios besaban aquel pequeño esfínter… un olor a hombre circulaba en la zona… mi lengua se hizo taquito para buscar penetrar el culo del muchacho mientras él gemía y se movía sin control a la vez que gritaba ahhh… Ooohhh… ahhhh… ahhh… no dejaba de gemir y bufar… yo paré para mirarlo y tenía los ojos cerrados y con la boca mordía su lengua… mi lengua continuó con su culo hasta limpiarlo completamente y luego regresó lentamente a sus huevos y a su verga que estaba a punto de explotar con una extensa capa de líquido pre-eyaculatorio saliendo de su rojiza cabeza… enseguida la metí a mi boca buscando su venida… no mamé su verga en forma fuerte sino que lo hice de forma lenta… la metía y sacaba de mi boca pausadamente…

El militar  seguía gimiendo y bufando… ahhh… aaahhh… Ohhhh… ahhh… saqué su verga de mi boca y le pregunté al muchacho si es que estaba a punto de venirse… contestó afirmativamente… “vente en mi cara”, le propuse… el muchacho solo sonrió e inmediatamente y con aire machista replicó “donde quieras los hecho”…. “si… vente en mi boca y cara… hazme una mascarilla con tus mecos”… se levantó y tomó su verga entre sus manos… me pidió que me acostara en la cama boca arriba y justo en la orilla. él se paró justo junto a mí… podía ver aquella morena verga y el movimiento de sus huevos mientras el joven militar  se la jalaba y justo después de unos veinte segundos me dijo “yaaaaa” y siguieron algunas expresiones guturales…. “ohhhh…. yaaaahhh…. yahhhh”… cerré los ojos y abrí la boca esperando que algún lechazo llegará hasta mi campanilla… sentí como los lechazos que salían de la verga del muchacho iban a parar justo en mi frente, mi nariz y mi boca…

El militar  hacía una serie de ruidos como si estuviera disparando una ametralladora de gran calibre “ohhhh…. ahhhh… uhhhh…. grrrr”… saboreé uno de los lechazos que me entró directamente hasta el esófago… los demás lechazos caían en mi frente, mi pelo, mi boca, mi nariz… parecía que era una fusilada sin fín… tal vez unos diez o doce lechazos… sentía yo la cara llena de mecos calientes y al no oír más disparos traté de abrir los ojos… mi ojo izquierdo estaba “clausurado” por un fuerte lechazo que escurría… con mi ojo derecho aprecié ante mí una gruesa verga morena, completamente deslechada, un poco flácida y con un hilo de leche saliendo todavía de su cabeza… el militar  soltó una carcajada y me dijo “no mames… te llené de leche la cara”… no paraba de reír… con mis manos toqué mi cara y pude sentir que estaba completamente cubierta de leche caliente… mientras el militar  se reía yo me levanté y fui al baño a lavarme la cara antes de que esa lechita se convirtiera en pegajoso engrudo.

Después de unos cinco minutos en el baño, salí a la recámara… pude apreciar al militar  recostado en la cama, cubierto solamente con la sábana… era una vista hermosa… un joven moreno y delgado, completamente desnudo, recostado, acomodado entre las almohadas… me miró y rió de nueva cuenta… “no mames cabrón”, le dije, “te viniste un chingo… me llenaste la cara de leche”… el militar contestó secamente y con una sonrisa “pues así lo pediste ¿no?”… me recosté en la cama mientras el militar  entró al baño a bañarse… su negra verga colgaba flácidamente entre sus piernas… se tardó más de diez minutos… yo por mi parte prendí la tele y me puse a ver un insípido partido de fútbol… oí como el militar  apagó la regadera y salió del baño… se sentó en la cama, con la toalla amarrada a la cintura… nos pusimos a platicar…

Le había gustado mucho la mamada que le había dado… le gustó un chingo que le mamara el culo… nunca antes se lo habían hecho… ya algún amigo le había platicado lo chingón que se sentía pero nunca lo había experimentado en carne propia… nunca se había venido en la cara de alguna chava… “había estado bien chido”, me comentó… después de unos veinte minutos de plática cachonda, el militar  me dijo secamente “quiero darte por el chimuelo”… yo reí al oír tan vulgar expresión pero me acerqué y él me tomó por la cintura, me dio la vuelta y me indicó que me inclinara frente a él poniéndome de ladito… yo me dejé llevar ya que como antes lo manifesté, el militar  tenía experiencia al respecto… le dí un tubo de lubricante y un par de condones… en esa posición empezó a tocar mi culo… le pedí que me lubricara y así lo hizo…

Tomó el bote de lubricante y me puso una buena cantidad del transparente gel justo en la entrada de mi ano… sentí una sensación muy rica ya que mi ano estaba que ardía y el lubricante muy frío… luego con uno de sus dedos esparció el lubricante en mi culo y lo introducía poco a poco entre mis pliegues, buscando penetrar mi ano… sus dedos tocaban mis pliegues y poco a poco se fue distendiendo mi culo… el moreno militar  primero metió un dedo y más tarde dos de ellos por mi culo… metía ambos dedos y los movía en forma circular… luego los sacaba y metía en forma rápida lo que me hizo gemir fuertemente… metió ambos dedos y me pidió que apretara el culo… lo apreté lo más que pude… el militar  sopló y dijo “no mames pinche putito, aprietas bien rico”

Justo al momento en que presionó su mano para meterlos lo más que podía… solté los músculos y entonces el militar  sacó ambos dedos… me dijo “ahora sí… ponte flojito…voy a romperte el chimuelo”… reí ante tal ocurrencia… estaba yo de ladito y me puse en posición fetal… el militar  se lubricó la verga, se puso un condón y abrió mis nalgas para comenzar a jugar con la punta de su verga justo en la entrada de mi culo… cuando la encontró presionó para que entrara en mi ser… pude sentir la punta de su glande contra la abertura de mi ano y la presión que hacía para abrirlo… el militar  me tomó por la cintura, jalándome hacia su verga que ya quería entrara en mí…

Entró su cabeza y yo sentí una gran presión,  dolor y a la vez enorme satisfacción mientras él soltó un respiro profundo y una soplido de satisfacción…

presionaba para que su pitote entrara en mi lubricado culo… al principio sentí algo de dolor que me permitió gritar para que parara y el militar  se detuvo un momento dejando únicamente la cabeza y 1/3 de su tronco dentro de mi culo, para luego continuar metiendo todo su instrumento… centímetro a centímetro recibí dentro de mi ser aquellos 18 centímetros de verga… lo hacía lentamente, permitiendo a mi cuerpo acostumbrarse a su rica verga… mi culo había quedado abierto hasta el tope… se distendía lentamente… comenzó a moverse, rápidamente… no fue ni amable ni tampoco tierno… ya que me tenia ensartado como una brocheta… se movía fuertemente dentro de mi ser haciendo que de mi propia boca salieran gritos y gemidos, todos ellos de absoluto placer…

Empecé a abrir y cerrar los músculos de mi esfínter anal y a moverme en forma circular, sin que me importara ya si me dolía o no me dolía, procurándome placer a él y a mí mismo también… el militar  me metía la verga sin contemplaciones… yo gritaba y mientras más fuerte lo hacía sentía como el militar  más apresuraba sus movimientos… sentía que me partía en dos… me sentía satisfecho plenamente… un puto completamente satisfecho… un rico pedazo de carne adentro de mi culo que entraba y salía rápidamente… de repente el militar  paró sus embates para contener su venida… luego lentamente comenzaba a tomar fuerza y aceleración… mi culo era suyo… me pulsaba… se apretaba y sentía como el moreno y joven militar  gemía de placer… sentía su respirar justo en mi cuello y sentía sus manos enredadas en mi estómago que me jalaban hacía él para que me clavara en toda su extensión su miembro… después de unos minutos de movimientos bastante rápidos, el militar  bajó el ritmo de sus embestidas y sacó su verga de mi culo… me dijo “vamos a cambiar de posición… ¿cómo quieres?”, pregunté… de frente, me dijo “para ver la carita que pones cuando te estoy cogiendo”…

Yo me recosté en la cama boca arriba… el militar  se situó frente a mí y me puso un par de almohadas en mi espalda para que se levantaran un poco mis nalgas… abrí las piernas y el militar  con maestría las levantó dejando a la vista mi ya abierto agujero. El militar  comenzó a tocar mi ano con uno de sus dedos y dijo “sigue bien apretadito”… mi culo pedía a gritos ser penetrado y entonces le dije “métemela… por favor”… el militar  puso la cabeza de su verga contra la abertura de mi culo y empujó… sin esfuerzo alguno me tragué de un solo golpe todo aquel moreno y grueso pene… solté un gemido de placer a lo que el propio muchacho dijo “grita… me gusta que griten cuando me los cojo”…. yo me sentía más puto que nunca y empecé a gritar, pujar y gemir de auténtico dolor y placer… sentía que el militar  me estaba abriendo en dos… me ardía el culo, me llenaba, sentía como el culo me pulsaba como nunca antes… ya se había acostumbrado a su verga… esa sensación de dolor-placer era súper excitante.

El militar empujaba con un ritmo bastante rápido pero paraba cuando sentía cerca su venida para retenerla… metía su verga hasta el fondo y la dejaba por unos segundos… yo pujaba y a la vez apretaba el culo… el militar  se subió encima de mí y sentí su respirar en mi cuello… sus huevos chocaban con mis nalgas… pas… pas… pas… estaba cogido… mi culo estaba completamente a su servicio… aquel militar  estaba saciando su necesidad de sexo… era un animal en celo… yo por mi parte estaba completamente cogido… me estaba tragando todo ese pedazo de carne… mi culo completamente lleno y satisfecho… llevé mi mano izquierda hasta mi culo y sentí la raíz de su verga y al tocarla me calenté de nuevo… el placer era inmenso… el militar  comenzó a moverse más rápidamente… me dijo con voz entrecortada por los pujidos y gemidos: ¿te gusta verdad? ¿Te gusta?…

Me siguió cogiendo y llevaba ya unos diez minutos de intensa cogida en esta posición… en eso apreté los músculos de mi ano y el militar sopló fuertemente… en ese mismo momento comenzó a venirse dentro de mi ser… sus movimientos eran tan fuertes, tan fuertes que sentía su verga en lo más profundo de mi ser… el militar  gemía y resoplaba… sentí la fuerza de su verga dentro de mi culo… Huuuuu… eso era la gloria… yo veía las estrellas…. el militar  disminuyó sus embestidas y me sacó la verga lentamente… creo que hasta pude sentir como me entraba una ráfaga de aire en el culo… había quedado muy abierto al sacarla por completo… me miró y sonrió… me dijo “te la tragaste toda… todita… tienes un chimuelo bien apretadito”…

Cuando terminó el militar, me sentí totalmente exhausto… me metí al baño para darme un regaderazo final… salí del baño y ví al militar  acomodado entre las sábanas y las almohadas… sonrió al verme… me pidió que me quedara ya que tenía intenciones de cogerme toda la noche pero yo desistí… me vestí con mi ropa de calle… le dejé dinero suficiente para que desayunara al día siguiente y tomara un taxi hacia la Central Camionera, así como el pago de sus honorarios… me despedí de él y rápidamente me dirigí a mi casa para dormir plácidamente…

Cualquier comentario (positivo o negativo) siempre será bienvenido a mi correo electrónico (juan_carlos_hoff@hotmail.com) y al pie del relato, ya que son la forma de saber si es que el relato les gustó o hay alguna forma de mejorar... Muchas Gracias.

Juan Carlos Hoff


¿También tienes una historia que contar? Envía tu relato con tu nombre o apodo y la ciudad de donde escribes a academiamilitargay@hotmail.com.

Rica cogida de noche

En las carpas o tiendas, establecidas en todo el patio de la Academia para maniobras nocturnas, sucede la mayoría de encuentros sexuales entre soldados.

En estas fotos veremos a dos de nuestros mejores reclutas haciendo de las suyas durante una noche en la que los objetivos militares pasaron a segundo plano.

Academia Militar Gay, Hombres para Hombres.















Mamada en plena misión

¿Todavía tienes dudas sobre el morbo de los soldados de esta Academia Militar Gay?

Mira a estos dos, quienes camino hacia una misión asignada, no aguantaron las ganas y empezaron una mamada ¡en pleno camión militar!

No dejes de mirar los más de siete minutos del video, que lo mejor es ver esa leche que sale de sus vergas.

¡Disfrútalo!

martes, 13 de septiembre de 2011

¡Mendoza, el nuevo recluta!

¡Atención... Fir! ¡A discre... ción! Soldado, te presento a Mendoza, el nuevo recluta de esta Academia Militar.

Ansioso de luchar por nuestro país y defender nuestra soberanía, Mendoza ingresó a la Academia Militar Gay. Pero, seamos sinceros, aquí entre tú y yo, este nuevo recluta acaba de terminar con su novia y está aquí para satisfacer todos sus deseos sexuales con otros hombres.

Seguro que los soldados de esta Academia no lo defraudarán. ¡A la iz... quier! ¡De frente... Mar!

Disfruta de Mendoza...































martes, 6 de septiembre de 2011

Fiesta de mamadas en la Academia

Aquí tienes un trío de nuevos reclutas, bien buenos y morbosos los tres.

Una noche, Marváez, Medina y Scholtz, decidieron hacer una "fiesta de mamadas" ¡y qué buena fiesta!

Mira como se chupan sus vergas unos a otros, tendidos en una de las camas del cuartel.

Únete a la fiesta, pajéate con ellos y con nosotros... Academia Militar Gay - Hombres para Hombres.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Sexo entre Militares de alto rango

¿Sabes qué hacen los militares de alto rango mientras los demás soldados y reclutas están entrenando?... ¡Tirar!

Al menos así es en la Academia Militar Gay, donde todo es sexo.

Estos dos militares estaban en las oficinas del cuartel y se pusieron algo ociosos mientras los demás entrenaban.

No lo pensaron dos veces para desnudarse y echar un buen polvo.

Disfruta de las fotos de este encuentro...















Sí, mi Teniente (II parte)

Autor: troymadrid
Madrid, España


21:50. Asomado a la ventana, me llevo el enésimo cigarro a la boca y lo enciendo. Me tiemblan las manos. En estos dos últimos meses, el frente no ha variado mucho, por lo menos en nuestra zona. Hemos reconquistado Sicilia, por tercera vez, lo cual ya no es novedad. Esperemos que sea la última. Pero eso no es lo que me hace perder el pulso y sentir un cosquilleo de tensión en el estómago.

Hace ya siete semanas y cuatro noches que conocí al soldado Castells. Un período intenso, marcado por el ritmo de sus exigencias adolescentes. No sé cómo, pero en una sola noche, se hizo con el control sobre mí. Las noches de guardia desde entonces transcurren mientras yo espero ansioso recibir el aviso para ir al Punto Alfa a recibir algún mensaje. Aquel cuchitril pasó a ser un templo para mí, con un ser casi divino al que adorar y obedecer. ¿O debería quitar el casi?

Hace ocho días que se fue de permiso. Ni siquiera me avisó. Me enteré, por un sargento, que se había ido a Almería, a casa de una amiga suya. Se estará hinchando a follar, añadió, haciéndome sentir un extraño malestar. ¿Celos? Pero hoy se incorporaba al cuartel, de nuevo.

21:55 A FORMAR, gritó un sargento. El corazón se me aceleró. Abrí la ventana y me asomé al descampado entre dos naves del polígono, que nos servía de plaza de armas. Allí estaba él, inconfundible, en la segunda fila, derrochando aquellas socarronas sonrisas. Aquel pantalón vaquero parecía formar parte de su piel, marcando las impresionantes curvas de su perfecto culo.

22:00 ROMPAN FILAS. Tras colocarse su mochila sobre los hombros, levantó la mirada hacia mi ventana. Con su dedo índice, se golpeó el reloj de pulsera, y luego levantó dos dedos, mientras me guiñaba un ojo. Yo asentí con la cabeza, sonreí, y resistí la tentación de rozarme la entrepierna por miedo a correrme en ese mismo momento. Le vi caminar, lentamente, hacia los dormitorios, admirando sus movimientos felinos.

Esperar esas dos horas fue un infierno. Conté los 120 minutos, y con precisión inglesa presioné el interruptor de acceso al Punto Alfa a las 00:00. Pasó un minuto, y nadie contestaba. No me atrevía a insistir. Quizás estaba recibiendo algún mensaje. Tras otro largo minuto de espera, la puerta se abrió y, para mi sorpresa, apareció un soldado al que no conocía. A la orden, mi teniente, balbuceó. Era extremadamente joven, rubio y pecoso. Tenía la piel muy pálida, pero el rostro lo tenía completamente colorado, avergonzado. Con su permiso, dijo, mientras salía y desaparecía escaleras abajo como alma que lleva el diablo.

¿Quién era ese y qué coño hacía en un sitio restringido? Pero al entrar en el cuarto, dejé de pensar en nada. La voz que llevaba añorando ocho eternos días dijo: ¿qué cojones haces aquí? Te dije a las dos, gilipollas. Empecé a murmurar una explicación, cabizbajo, mientras me daba cuenta de la mala interpretación del gesto que me hizo desde la formación.


Joder, me has dejado a medias, dijo. Cuando levanté la mirada, estaba sentado en su silla, con el respaldo inclinado hacia atrás, y con un prominente bulto abombando sus pantalones de camuflaje. Sus ojos azules estaban clavados en los míos y, a pesar del tono, una sonrisa iluminaba la habitación. Pero una sonrisa maliciosa, excitante.

Desnúdate, pues tienes que corregir tu error, y terminar lo que había empezado. Mi cuerpo ya se había acostumbrado a obedecer sus órdenes casi sin filtrarlas mi cerebro. A los veinte segundos, ya estaba desnudo y de rodillas delante de él, como me había adiestrado a hacer en estos meses.

Túmbate boca arriba. Mientras obedecía, le oí levantarse de la silla, ir al otro extremo del cuarto, y volver. A los lados de mi cabeza aparecieron sus botas, y pronto sentí la presión de su cuerpo sentándose sobre mi pecho. Desde arriba, me habló, acercando su cara a la mía: me traje unos juguetitos. Y frente a mis ojos empezó a agitar una enorme polla negra de látex.

El cocinerito que me has espantado al desobedecerme sólo fue capaz de soportar la mitad en su culo estrecho. Por haberme jodido un rato de diversión, merecerías que no te dejara verme más, pero estoy caliente, y mi polla es lo primero. Mientras decía esto, se la sacó, y realmente estaba dura, y manchando de humedad su camiseta verde ajustada.

Pero, tranquilo, no voy a meterte esta gomita usada por el culo sin limpiarla antes. Y así, tras escupir en la punta del consolador, con una mano me hizo abrir la boca y con la otra me lo metió hasta el fondo de mi garganta. Lo mantuvo allí unos segundos, mientras tanteaba mi cuello buscando hasta dónde había entrado la punta, apretándomelo. Luego empezó a follarme la boca con él. Pude sentir el sabor del culo del cocinero que ya lo había disfrutado.

De golpe, igual que me lo había metido en la boca, me lo sacó. Se lo puso delante de los ojos, y se inclinó hacia delante para que la luz del techo recayera directamente sobre el consolador, lo cual me permitió lamer sus huevos. Gimió levemente, mientras murmuraba que ya estaba bien limpio y lubricado. Pero mantuvo la postura mientras yo seguía lamiendo, consciente de que eso le excitaba en especial. Tras muchas horas con él, ya había aprendido sus gustos y cada centímetro de su cuerpo, de memoria.

Se puso en pie, mientras mi lengua intentaba en vano dar un último lametazo a aquellos huevos y saborear un segundo más su sudor.

Colocó dos sillas frente a la mesa. Pon las rodillas bien separadas sobre las sillas, y túmbate en la mesa, boca abajo. Al instante, obedecí. El consolador entró entero, de un golpe. Yo sabía que no podía gritar, y sólo emití un sordo gemido. El dolor fue intenso, en lo más profundo de mis entrañas. Mi culo llevaba demasiado tiempo sin ser usado, y la violencia de la penetración no era casual. Ambos sabíamos que era parte del castigo. Pero no sé que sería peor, si cuando me lo metió, o cuando me lo sacó de golpe, mientras decía: lo sabía, es de tu talla, mientras soltaba una carcajada.

Volvió a metérmelo con la misma delicadeza. Dolió menos, pero la visión se me tornó borrosa por la amenaza de unas lágrimas. Tiró hacia fuera lentamente, hasta que quedó sólo el capullo dentro, y volvió a penetrarme. A pesar del dolor, o quizás por él, mi polla estaba a punto de reventar, aplastada contra la mesa. Rezaba para no correrme sin su permiso. De vez en cuando, empezó a alternar el consolador con sus dedos. Tras sentir como tres de sus largos dedos entraban hasta los nudillos en mi ya dilatado culo, y hurgaban en mi interior, los sacó de golpe, como siempre, mientras añadía dos prometedoras frases: Ya estás preparado para el siguiente juguete. Y tienes suerte, lo vas a estrenar.

Pasó por delante de la mesa, y extrajo de su mochila una bolsa de plástico. La rasgó y sacó unas bolas de material transparente, unidas entre sí por un fino cordel, de un material parecido al plástico. Las bolas de uno de los extremos eran de un tamaño, pero según avanzaban al otro extremo, éste aumentaba. Te gustan, ¿verdad?, me preguntó mientras me metía la más gorda en la boca. Sujétalas, dijo mientras se alejó unos pasos a tirar el plástico a la papelera, dejando la ristra de bolas colgando de mi boca. Al pasar por delante de mí, dirigiéndose a mi culo de nuevo, de un tirón me la sacó de la boca.

En las pelis, los niñitos disfrutan mucho con estas bolitas, así que decidí comprar unas en el viaje y probarlas en algún culo. Ya que echaste al cocinero, con ese culito apretado que tiene, tendré que conformarme con el tuyo.

Dos severos azotes precedieron al escupitajo certero en el agujero de mi culo. La primera bola estaba ya en posición. Agarró mi muñeca, y llevó mi mano hasta mi culo. Empuja tú, me ordenó. Tras la sesión con el consolador, la bola entró sin mucha dificultad. Es fácil, ¿ves?, dijo, mientras de un tirón de la cuerda, la sacó. Milagrosamente, aún había podido contener mis aullidos de dolor. Desde el segundo día que le conocí, me dejó bien claro que odiaba oír quejidos o llantos.

Me toca a mí, murmuró mientras me introducía de nuevo la bola. Pronto entró otra. Con la cuarta el dolor empezaba a ser similar en intensidad al del consolador, pero era una sensación distinta. Me concentré en dejar la mente en blanco, huyendo del dolor y de las ganas de correrme.Abre el culo, joder, fueron las palabras que me devolvieron a mi particular infierno paradisíaco. La penúltima bola se resistía a entrar. Sabía que tenía que abrir mi culo lo máximo posible, pues él me la metería como fuera. Casi me caigo de la mesa por el esfuerzo, pero lo conseguí. Aún queda una, dijo con un retintín que me puso los pelos de punta. Volvió a escupir en la entrada de mi culo. El dolor en el interior del culo se unió al de la presión de la enorme bola, desgarrándomelo. De nuevo hice un esfuerzo para abrir más el culo. El sudor me bañaba todo el cuerpo, y cerré los ojos para evitar derramar lágrimas. Pero no fui suficientemente rápido. Entrará por mis cojones, le oí gruñir antes de sentir la punta de su bota empujando la bola. Y entró. Sííí, gritó, mientras terminaba de empujarla metiéndome un dedo en el culo. La verdad es que todo me daba vueltas, no quería desmayarme, pero me faltó poco.

Mola, tío. Pero tendremos que practicar más. Y ahora, tu premio. Empezó a tirar de la cuerda que salía de mi culo. Lo hacía con fuerza, pero cuando el agujero de mi culo se abría cubriendo todo el ancho de cada bola, se regodeaba, sacándolas más lentamente. Para sacar las dos primeras, se puso a mi costado, y con su fuerte brazo me rodeó la cadera, sujetándome firmemente, antes de tirar de la cuerda. El placer indescriptible de sentir sus bíceps contra mi cuerpo, se mezcló con el dolor agudo provocado por las bolas destrozándome el culo.

En cuanto la última estuvo fuera, sin darme tiempo a respirar siquiera me metió su polla hasta que sentí sus huevos golpeando los míos. Cuánto tiempo llevaba soñando con sentir el calor de su polla en mi interior. No necesitaba cualquier polla, necesitaba la suya. El culo me ardía de dolor, pero habría dado cualquier cosa por seguir sintiéndola dentro siempre.

Como si me leyera el pensamiento, dijo con voz ronca: te gusta que te follen, ¿eh, putita? Pero no te lo mereces, dijo, al tiempo que la sacaba completamente. Por favor, no pare, creo que murmuré, mientras sentía un vacío inmenso en mi culo. CÁLLATE, COÑO, te la meto, porque me apetece, no por nada más, y de nuevo me enculó. Como siempre me pasaba en su presencia, y más durante nuestras sesiones, mi consciencia temporal se anulaba. No sé decir durante cuánto tiempo estuvo follándome el culo y azotándolo, hasta que sentí que sus embestidas aumentaban el ritmo, igual que su respiración. Yo conocía perfectamente todas sus reacciones corporales, como para saber que aguantaría dos asaltos más como mucho. Estaba a punto. Tras una de las acometidas más profundas, me la sacó y con una agilidad felina se plantó frente a mi cara. Yo ya le esperaba con la boca abierta de par en par. Entró hasta el fondo de la garganta y, mientras yo le acariciaba sus durísimos huevos, y sentía las convulsiones de sus caderas, varios chorros de dulce semen me inundaron la garganta. Por la fuerza en que salieron, imaginé que llegarían directos a mi estómago. Mantuve su polla en mi boca, tragando hasta la última gota, feliz. Sé que le encanta sentir cómo su polla pierde su fuerza y tamaño dentro de mi boca. Cuando decidió sacarla, una bofetada estalló en mi mejilla. No vuelvas a joderme mis planes, o no volverás a verme. Esta vez sus ojos no brillaban, y su sonrisa había desaparecido.

Vístete y prepara unos cafés, me ordenó, mientras se encendía uno de mis cigarros, sentado con las botas sobre la mesa.

Tengo planes para ti.

troymadrid


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Otra mamada militar

Mira este video grabado en el patio de la Academia, justo cuando dos soldados no aguantaron las ganas y se fueron escondidos a satisfacer sus deseos.

Si eres fetichista de orinar (piss en inglés) te va a encantar ver esto. El video empieza con una mamada, luego algo de pissing y termina con uno de los soldados lleno de blanca y espesa leche.

Academia Militar Gay - Hombres para Hombres...

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